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domingo, 3 de junio de 2012

Un caso: Venezuela

En Venezuela el acceso a Internet es libre, pero los foros de discusión y páginas que pueden resultar una amenaza al gobierno del presidente Hugo Chávez están en la mira de las autoridades y se establecieron herramientas para regular el espacio virtual.
El 31% de la población se conecta a Internet y las redes sociales tienen una gran popularidad, habiéndose registrado ya 5,3 millones de usuarios en Facebook. El gobierno incluso favoreció el uso de Internet a partir de la creación de centros de acceso patrocinados por él y la toma de medidas como la distribución de computadoras personales a estudiantes de primaria. Pero Cantv, el proveedor de acceso a Internet, es estatal, lo que indica ya el primer paso de control sobre la libertad.
La presencia de Chávez en la Red y medios de comunicación no tradicionales es evidente. En el 2010 creó su propio blog, desde donde se comunica con los ciudadanos y se incluyen discursos, videos, comentarios de eventos, etc. También tiene una cuenta en Twitter, con más de 3.000.000 seguidores. Estas acciones demuestran la intención del presidente de participar activamente en la Red para “contrarrestar la influencia de la oposición en las redes sociales”. Pero 7 de las 10 cuentan más populares del país critican a Chávez y los sitios de oposición a los ataques contra la libertad de prensa son los más visitados y los que mayor número de suscriptores tienen.

martes, 29 de mayo de 2012

Un posteo, un tweet: un pase a la cárcel

Las medidas que toman los gobiernos a la hora de controlar la libertad de expresión en la Red van más allá de la cibercensura de contenidos o la negación del acceso a Internet y pueden ser más extremas: los netciudadanos son encarcelados. China, Vietnam e Irán son los países con prisiones más grandes para los ciberciudadanos, con 77, 18 y 9 encarcelados respectivamente. En la actualidad, con 119 los netciudadanos que se encuentran en prisión. Aunque en el 2010 varios blogeros, como Kareem Amer, arrestado por posteos en su blog considerados insultantes contra el rey de Egipto Hosni Mubarak, fueron liberados, los arrestos y desapariciones forzadas siguen sucediendo. En este contexto nos preguntamos: ¿hasta qué punto es internet un elemento de democratización?

El bloguero Kareem Amer encarcelado en las afueras de Alejandría.



lunes, 28 de mayo de 2012

Palabras que cuestan caro

Surapak Puchaisaeng, programador de 40 años, fue detenido en Tailandia por insultar al rey Bhumibol Aduyadej en un posteo en Facebook en el 2011. Podría recibir una condena de hasta 15 años de prisión tras haber sido acusado de violar una ley contra delitos informáticos. El hombre desmintió haber insultado al rey, pero la Policía confiscó sus computadoras. Es el primer arresto ocurrido desde la asunción del nuevo gobierno. Según el viceprimer ministro Chalerm Yubumrung, encargado de supervisar a la Policía nacional, el combate a los cibersitios antimonárquicos es una de sus prioridades: "Los sitios de internet cuyo contenido insulte a la monarquía... no pueden existir en este gobierno".

Rey de Tailandia Bhuibol Aduyadej

sábado, 26 de mayo de 2012

Cibercensura religiosa

La censura religiosa consiste en la prohibición de publicar cualquier material considerado ofensivo para una religión. Esto a menudo implica la existencia de una religión dominante que limita a otras menos conocidas o no reconocidas oficialmente. Muchos países del mundo islámico, por ejemplo, usan tecnologías de filtrado para bloquear en Internet contenidos contrarios a su religión. 
Así, en el 2010 Bangladesh y Pakistán prohibieron el uso de Facebook como consecuencia de la publicación de material "ofensivo” contra el profeta Mahoma y líderes políticos del país. Cualquier representación del profeta es considerada como blasfemia contra el Islam. En Pakistán, que bloqueó diez días el acceso a la plataforma social, marcharon manifestantes exigiendo medidas contra Facebook. En el 2005 la publicación de caricaturas del profeta en periódicos daneses generó protestas en países musulmanes, donde murieron cerca de 50 personas.

jueves, 17 de mayo de 2012

Un megáfono para la revolución

La serie de revueltas populares ocurridas en el mundo árabe a partir del 2010 contra los gobiernos autoritarios puso de manifiesto el carácter liberador de las TICx a partir del intercambio masivo de información. Los revolucionarios emplearon teléfonos celulares (sobre todo los llamados smartphones con conexión a Internet), plataformas en Internet, blogs, foros y redes sociales como Facebook y Twitter para organizar las protestas y evadir las formas de censura tradicionales. Podríamos decir que las TICx actuaron como un megáfono para la revolución, facilitando, por un lado, la organización de los activistas, y por otro, la difusión en tiempo real a nivel mundial de los acontecimientos. Es evidente que han sido un factor determinante para derrocar a los poderes de Mubarak en Egipto y Ben Alí en Túnez. Lo que aún resta averiguar, una vez terminadas las revoluciones, es lo siguiente: ¿hasta qué punto podrán ayudar en la consolidación de las transiciones hacia la democracia?




Simbiosis entre los medios

Las redes sociales, que funcionan hoy como fuente importante de información para los periodistas, transformaron de forma definitiva los modos tradicionales de comunicación. Los medios quedaron consagrados como instrumentos para la difusión de datos, es decir, la prensa recibe información e imágenes de testigos, enviada por Internet o a través de sus teléfonos celulares.
Se puede hablar en esta línea de una simbiosis entre medios de comunicación tradicionales y los nuevos. Los periodistas están obligados a aprender a utilizar las redes sociales y, al mismo tiempo, a comprobar con cuidado la validez de los testimonios. La instantaneidad como característica fundamental de las redes sociales y herramientas de streaming facilita una cobertura en tiempo real de hechos importantes.
Un claro ejemplo de esta simbiosis la vemos en la manera como fue evolucionando la estrategia de WikiLeaks: progresivamente, el sitio estableció un sistema de colaboración con grandes medios de comunicación internacionales, como Le Monde, The New York Times, Guardian y Al-Jazeera.